EL APRENDIZ DE BRUJO Y SU PRIMERA SALIDA CON FOTOEXCURSIONES

Por Jesús Fernández Lentisco

A la vejez viruela. No te acostarás sin aprender algo más. El refranero popular está lleno de sapiencia y lleva mucha razón. Ante la desazón o ganas de aprender, actividad.


Hace menos de un año pensé en que la fotografía me llamaba la atención. Muchos viajes disparando con el móvil sin tener ni idea, pero oye, algunas salían hasta bien.


Coincidencias de la vida me enteré de que un compañero de trabajo era profeta en el desierto de los fotógrafos de nivel. Ni corto ni perezoso empecé a comentarle que me vendría bien una cámara, algún cursillo … Pobrecito mío, seguro que pensaba que por qué le tenía que pasar a él. Un aprendiz dándole la tabarra.


Pero bueno, a mi favor, que se descojonaba con mis patochadas y mi falta de conocimiento (fotográfico y mental), por lo que, con cuatro detalles fundamentales, ya nos fuimos un día a hacer fotos por Canalejas, Explanada, el Barrio y la Ereta. Fue divertido.


Sólo contemplándole y preguntándole, aprendí mucho, sobre todo las ganas de salir a fotografiar, y tras ello, todos los fines de semana o incluso entre semana me iba de senderismo y aprovechaba para disparar. Cerezos en flor, Almendros en Flor, mucho campo, mucha agua …. Recuerdo que le dije … “Esto es como ser un francotirador, pero lo bonito es que no matas a nadie. Lo que te molesta, le disparas” (un gran ejemplo de la incapacidad indicada antes).


Me habló de la Asociación y me motivó el tema. ¿Gente con una bonita afición? ¿Gente que hacía salidas nocturnas sin botellón? ¿Lightpainting? ¿Linternas? ¿Geles?


Ni papa, pero adelante. Antes me esforcé un poco e hice un curso básico, para por lo menos poder usar el modo Manual con un mínimo de fundamento.


Cuando iba ya decidido … llegó el COVID y destrozó mi entrada a la Asociación, pero antes tuve la gran suerte de ir con varios miembros a la Torre de Tamarit a un atardecer y las risas fueron buenas. El resultado fotográfico de mis compañeros fue espectacular, el mío indecente … llevaba un trípode que él solito bailaba breakdance … Lo recomiendo.


Pero bueno, también, con la inestimable ayuda de AGB, no la LOGSE, hice una foto de la carretera y los coches que me fui como unas castañuelas. Podríamos emplear ahí la frase inglesa que lo corrobora … It made my day.


Durante el confinamiento todos los días desde mi balcón hacía fotos súper curiosas. La naturaleza había tomado el mando y tenía, por ejemplo, 3 cormoranes viviendo en el edificio contiguo, mil variedad de aves, el barranco de las ovejas, el mar, la playita de San Gabriel tomada por las gaviotas, timelapses del tren que allí llega, de los coches … Una buena forma de pasar el confinamiento, además de una soberbia carga de 12 horas diarias de teletrabajo.


Por fin llegó el día y por una bendita casualidad se me ocurrió preguntarle por el tema en “la nueva anormalidad” y justo ese día salían a fotografiar la Vía Láctea.


No voy a decir que supiese ni a lo que íbamos, mentiría, pero sabía que iba a flipar, como me ocurrió anteriormente.


Allí llegué con mascarilla en boca, con mis 30 euros de inscripción de socio (probablemente debería ser bastante más sólo por lo que observas y aprendes, y, sobre todo, por la legión de artilugios que uno puede llegar a ver usar y flipar, con sus correspondientes explicaciones técnicas que te dejan patidifuso … Había uno por ahí que era de CIENCIAS y hablaba de 8 flashazos para quitar una sombra, porque 1/8 * 8 = 1, lo cual era totalmente lógico, pero causaba revuelo … el quid era desde 8 posiciones diferentes apuntando a la modelo y mientras la foto se iba haciendo, esos flashes harían el trabajo. El éxito fue total para mi asombro).


Me encontré un grupo de gente súper agradable, con armonía, bien conjuntado, no de ropa, si no de opiniones, respeto y ganas de innovar. Cada uno con su rol. Unos dando ideas, otros ejerciendo de modelos, otros buscando la mejor parametrización y composición para la foto, y yo, con mi “nuevo” trípode y mi cámara diferente, flipando y disfrutando de la coordinación y sapiencia. De vez en cuando alguien me decía algo técnico y yo pues … “Sí, claro … llevas toda la razón”, mientras la nariz me crecía como a Pinocho. En un momento dado alguien (soy muy malo para los nombres, necesito tiempo) me habló de que al disparo anterior le había faltado una doble cortinilla … aún la estoy buscando. Soy más de mamparas.


Primero se compuso con linternas. La modelo espectacular. Decidida, risueña y dando continuamente ideas. Había un maestro de ceremonias al que se le notaba un nivel espectacular y alumbraba en los sitios más insospechados para mejorar y mejorar el resultado final. Lo bonito es que todo se hablaba, se dialogaba, se preguntaba, se probaba y se disparaba. Al unísono, como una filarmónica. Esta foto lo demuestra.


Lo más hermoso, los resultados de pensamientos paralelos. Innovación que sacaba fotos que a mí me encantaban, pero ellos seguían perfeccionando para mayor orgasmo mío y como no tengo demasiados filtros (ni fotográficos ni en la boquita) ante una de las innovaciones os juro que vi una limpieza de chacras y una sesión de Reiki que me dejó enamorado. Aquí te dejan limpito y todo, pensé en alto. Perdón por mi atrevimiento.


Se crearon cascadas en azul, se alumbraron las celdillas del bunker de la sierra de Santa Pola en la que nos encontrábamos y hasta se provocó la modelo una quemada a lo bonzo o un Juana de Arco, como se prefiera.


Las posibilidades de la fotografía nocturna son inmensas. Era impensable para mí. La fotografía diurna es más sota, caballo, rey …


Acabamos tras un lindo paseo en el Aljibe que por la sierra hay, no sin alguna queja de la caminata, cargados con lo necesario, para fotografiar la Vía Láctea.


Un servidor llegó allí y empezó a ver cómo calculaban hacia dónde había que apuntar y empezaron a sacar verdaderas fotacas. Yo no tenía ni pajolera de dónde había que apuntar y disparaba al cielo y sacaba alguna estrella despistada, pero pensaba … Creo que algo no estoy haciendo bien. Hasta que perdí la vergüenza, pregunté, me enfocaron y al menos conseguí mi versión de la Vía Láctea, que aun con contaminación lumínica, mi cámara perrillera y mi parametrización de tres al cuarto, pues, …, a mí me gusta, pero claro, es una auténtica castaña … me quedan muchos kilómetros por recorrer y creo que estoy en el sitio adecuado. Mi foto es la Vía Láctea CORTADA. Qué arte.


Alguno al final se quedó para hacer fotos diferentes, a lo que repliqué que el que quisiese fotos diferentes cogiese mi tarjeta de la cámara … Soy así …


Agradezco mucho el trato recibido, los conocimientos adquiridos, el buen rollo existente, ni una mala palabra, ni un problema, respeto máximo, gente risueña … ¿Qué más se puede pedir? Se define en una palabra: FOTOEXCURSIONES.


(cc) Lentis&Co, 2020 (Año 0 post Covid)

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